El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) considera que la política aplicada por la administración de Donald Trump en Venezuela está definiendo efectivamente los términos de la recuperación del sector petrolero venezolano con la ampliación de licencias para exportaciones, suministros de diluyentes, servicios petroleros y nuevas inversiones conjuntas.

El Instituto consideró que estas medidas representan el cambio más significativo en el entorno operativo del sector petrolero venezolano en años, pero advierte que el marco legal actual del país todavía favorece más a una estabilización operativa de corto plazo que a un ciclo masivo de inversiones.

Asimismo, según reseña una nota de Bloomberg, el IIF sostuvo que la protección al inversionista sigue dependiendo, en gran medida, de contratos «mientras persiste discrecionalidad estatal, debilidad operativa de Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa) y el riesgo de reversión regulatoria».

No obstante, aún en este contexto las grandes empresas energética comienzan a reposicionarse sobre un mercado que conserva enormes reservas y una ubicación estratégica para las refinerías estadounidenses.

La velocidad  del retorno de inversiones dependerá de la evolución de las sanciones, la capacidad de Venezuela para estabilizar reglas contractuales y el volumen de inversión que logre atraer hacia una industria que necesita entre 110 mil millones de dólares y 180 mil millones de dólares para reconstruir producción e infraestructuras, según estimaciones del IIF.

El interés corporativo se concentra sobre una industria que todavía conserva una de las mayores reservas probadas del mundo. Hoy, el Oil &  Gas Journal calcula estas reservas en 303.000 millones de barriles de crudo, aunque buena parte corresponde a crudo pesado y extra pesado de la Faja Petrolífera del Orinoco, cuya extracción requiere diluyentes mejorados e inversiones intensivas.

La producción venezolana sigue limitada por problemas técnicos y financieros. Morgan Stanley recordó que el país produce cerca de 900.000 barriles diarios frente a más de 3.5 millones que producía en los años 90, mientras que el IIF calculó que la inversión upstream cayó desde picos cercanos de 57.000 millones de dólares entre 2010 y 2014 hasta cerca de 8.000 millones de dólares entre 2020 y 2024.

Por su parte, Morgan Stanley advirtió que una recuperación sostenida de exportaciones venezolanas podría beneficiar a refinadores estadounidenses y presionar a productores de arenas bituminosas canadienses.

El banco destaca que las reparaciones de infraestructura y reacondicionamiento de pozos podrían desbloquear al menos entre 300.000 y 400.000 barriles diarios en 12 a 18 meses, detalla una nota de Bloomberg Línea.

Fuente: Banca y Negocios