La rápida apreciación del bolívar frente al dólar no oficial —que pasó de niveles cercanos a 900 bolívares a alrededor de 400— ha generado la expectativa de que los precios deberían ajustarse a la baja con la misma velocidad. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, alimentó esa percepción al señalar que, si los comercios aumentaron precios cuando la divisa subió, ahora deberían revisarlos a la baja ante un tipo de cambio que se ha contraído a menos de la mitad. «Tienen que hacerlo. Es su obligación», afirmó.

Sin embargo, la dinámica de precios en Venezuela responde a factores más complejos que el movimiento puntual del tipo de cambio. Tanto economistas como representantes del sector comercial coinciden en que los ajustes no son automáticos y dependen de la estructura de inventarios, de los tiempos de reposición y de la naturaleza de cada producto.

Inventarios comprados a un dólar más alto
El economista Ronald Balza, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCAB, explicó en una entrevista ofrecida a Unión Radio que los comercios no pueden trasladar de inmediato la caída del dólar a los precios porque buena parte de la mercancía disponible fue adquirida cuando la divisa estaba en niveles mucho más altos. Reducir precios de forma inmediata implicaría reconocer una pérdida sobre inventarios que aún no se han vendido.

«Quienes han comprado con el dólar caro ahora lo ven barato y no pueden bajar inmediatamente sin acusar una pérdida», señaló. «Eso no implica que no vaya a bajar el precio si esto se mantiene en el tiempo».

Balza subrayó que no todos los bienes se comportan igual. Los perecederos, como la carne, el pollo o los huevos, rotan con rapidez y, por tanto, pueden reflejar antes un cambio en el tipo de cambio. Otros productos, especialmente los duraderos, pueden permanecer semanas o meses en inventario.

«Hay que preguntarse cada cuánto tiempo se mueve la mercancía», dijo, antes de añadir que no es razonable esperar que un comercio reduzca de inmediato el precio de un bien adquirido recientemente a un costo mayor. «No se puede decir que el que compró un teléfono a unos dólares en algún momento debería bajar el precio mañana porque el dólar bajó. Ya va, pero es que lo tenía ayer».

Consultado sobre las acusaciones de especulación, Balza respondió que la actividad comercial siempre incorpora expectativas sobre el futuro. «Cada vez que se acusa a alguien de especulación yo me pregunto cómo piensan que se hace un negocio. Se hace pensando en el futuro, no solamente en el pasado».

Primeros ajustes en productos de alta rotación
Desde el sector comercial, Italo Atencio, presidente de la Asociación Nacional de Supermercados y Autoservicios (ANSA), confirmó que ya se observan reducciones en algunos rubros de alta rotación. «Ya se empezó a ver en la carne, también en el pollo, en los huevos», afirmó. Según Atencio, la velocidad del ajuste depende de la naturaleza del producto y de la frecuencia con la que se repone. «La dinámica comercial de compra y venta depende de si el producto es perecedero o no y de cuánto rota».

Atencio sostuvo que la percepción de estabilidad cambiaria ha comenzado a mejorar y que, si esta tendencia se mantiene, los precios deberían ajustarse gradualmente durante enero. También destacó que la competencia influye en la velocidad de los ajustes: una mayor oferta de marcas y un mayor número de establecimientos operativos presionan a los comercios a revisar precios. «El consumidor es el que decide dónde comprar», dijo, al insistir en que la ampliación de la oferta favorece la corrección de precios.

Tanto Balza como Atencio coinciden en que la caída del dólar genera expectativas comprensibles, pero advierten que el traslado a precios es un proceso gradual. Depende de la rotación de inventarios, de la estabilidad del tipo de cambio y de la capacidad de reposición de cada comercio. En un entorno donde la volatilidad cambiaria ha sido la norma, los agentes económicos tienden a actuar con cautela.

La reducción de precios, si ocurre, no será simultánea ni uniforme. Los productos perecederos podrían ajustarse primero; los bienes duraderos, más tarde. La clave, según los especialistas, es la persistencia de la estabilidad cambiaria. Solo entonces los precios podrán reflejarla de manera más consistente.

Fuente: Finanzas Digital