La reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos introdujo un giro que rompe con uno de los rasgos más rígidos del marco petrolero venezolano: una carga fiscal uniforme que llevaba el government take por encima de 90%, el nivel más alto del mundo y un freno evidente para nuevos proyectos.
El país adopta ahora un esquema flexible que ajusta los tributos según las características de cada campo, una señal que la industria interpreta como un intento de volver a competir por capital.
Cristina Tovar, presidenta de la Asociación Venezolana de Hidrocarburos, explica que la reforma deja atrás la idea de que todos los proyectos deben soportar la misma carga. La fiscalidad pasa a depender de factores como la inversión requerida, la infraestructura disponible y las condiciones del yacimiento.
Ese cambio permite que algunos proyectos mantengan tasas altas, mientras otros —especialmente los que exigen grandes desembolsos iniciales— puedan operar con un esquema más liviano. La clave, dice, es que el marco fiscal se vuelve adaptable.
Regalías con un rango más amplio
La modificación más visible está en la regalía. La alícuota fija de 30 % deja de ser obligatoria y se abre un rango que puede bajar a 25%, 10%, 5% o incluso 0%, según la complejidad del proyecto.
Tovar reconoce que, aun con esta flexibilidad, Venezuela sigue siendo un país de regalías altas en comparación regional, pero destaca que el cambio introduce una lógica más moderna. También plantea que un sistema de regalías variables —que aumenten a medida que se recupera la inversión— sería un paso adicional para mejorar la competitividad.
Exenciones que alivian, impuestos que preocupan
La reforma elimina varias contribuciones parafiscales, como las destinadas a ciencia y tecnología, deportes y campañas antidrogas, además de tributos regionales y municipales. También deroga la contribución especial por precios extraordinarios del petróleo, que penalizaba los ingresos adicionales en ciclos de precios altos.
Sin embargo, incorpora un nuevo impuesto integral a los hidrocarburos con una tasa única de 15% sobre los ingresos brutos mensuales. Para Tovar, este componente introduce una carga que debe evaluarse con cuidado, sobre todo en proyectos de alto costo o en campos maduros donde los márgenes son más estrechos.
El sector observa ahora si esta combinación de flexibilización, exenciones y nuevos gravámenes logra reducir efectivamente el government take y crear un entorno competitivo en un mercado global donde Venezuela compite con productores que ofrecen marcos más estables y menos gravosos.
Fuente: Finanzas Digital