Un informe reciente de Bank of America Global Research analiza los posibles efectos económicos, energéticos y financieros de un eventual cambio político en Venezuela, con especial énfasis en la evolución de la producción petrolera y las implicaciones para la deuda externa en default.

El documento parte de la premisa de un escenario de transición política que derive en una normalización gradual de las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos, condición que los analistas consideran clave para cualquier recuperación sostenida del sector petrolero y para un eventual proceso de reestructuración de la deuda soberana y de la estatal Pdvsa.

Según el análisis, la producción de crudo venezolano se sitúa actualmente entre 900.000 y 1,1 millones de barriles diarios, una fracción de los más de 3,4 millones registrados a finales de los años noventa. El repunte observado desde 2021 se atribuye a una combinación de mayor participación de operadores no tradicionales, acuerdos contractuales especiales y la continuidad de operaciones bajo licencias específicas, en particular en el caso de Chevron.

El informe plantea tres escenarios de recuperación productiva, todos condicionados a la eliminación de sanciones y a una transición considerada «exitosa».

En el escenario más conservador, la producción podría alcanzar alrededor de 1,5 millones de barriles diarios hacia 2030. En un escenario intermedio, la cifra podría situarse entre 1,75 y 2 millones de barriles diarios, mientras que un escenario más optimista contempla un aumento hasta 2,5 millones de barriles diarios al final de la década.

No obstante, Bank of America subraya que la recuperación enfrentaría obstáculos significativos, entre ellos el deterioro de la infraestructura, la falta de diluyentes para el crudo pesado, la necesidad de revisar contratos existentes y un marco legal aún incierto para nuevos inversionistas. El costo mínimo estimado para reparaciones básicas del sector energético se ubica entre 10.000 y 12.000 millones de dólares.

Fuente: Finanzas Digital