En un movimiento con profundas implicaciones geopolíticas para América Latina, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, recorrió el complejo de refinación de Jamnagar en la India, operado por Reliance Industries.
La histórica visita del jefe de la diplomacia norteamericana al centro refinador más grande del planeta pone el foco estratégico sobre el crudo pesado venezolano, un recurso clave para los aviones energéticos de la administración estadounidense.
El factor venezolano en la agenda de Washington
El complejo de Jamnagar, con una capacidad instalada de 1,4 millones de barriles por día, destaca a nivel mundial como una de las pocas infraestructuras con la tecnología necesaria para procesar y mejorar de manera eficiente el petróleo pesado y extrapesado extraído de Venezuela, caracterizado por su alto contenido de azufre.
Fuentes de inteligencia económica revelan que el interés de la administración de Donald Trump en este acercamiento responde a la necesidad de blindar el suministro de combustibles en el hemisferio occidental:
• Demanda de diésel: Ante la creciente dependencia norteamericana de este combustible, la Casa Blanca ve en la capacidad técnica de la refinería india un aliado fundamental para procesar la materia prima venezolana.
• Estabilidad del mercado: La triangulación e impulso de este procesamiento busca generar un flujo constante que prevenga picos de precios en las estaciones de servicio de EE.UU. de cara a los próximos ciclos electorales.
Durante su estancia, Rubio celebró reuniones privadas con el magnate indio Mukesh Ambani, presidente de Reliance, para evaluar el incremento de las compras del crudo de la nación caribeña.
Esta negociación coincide, además, con una flexibilización temporal de aranceles por parte de Washington hacia los productos indios, motivada por los esfuerzos de Nueva Delhi para diversificar sus fuentes energéticas y reducir su dependencia del petróleo ruso.
La reactivación de Jamnagar como un procesador preferente de los recursos del subsuelo venezolano redibuja el mapa del comercio de hidrocarburos, colocando nuevamente a la producción del país caribeño en el centro de las decisiones de seguridad energética global.
Fuente: El Universal