Una vez conocidos en mayor detalle los puntos que conforman el nuevo acuerdo energético entre Venezuela y Estados Unidos, el cual garantiza suministro petrolero por 100 años a través de la explotación de 17 yacimientos con reservas comprobadas de 65.000 millones de barriles petroleros, es necesario proyectar un cambio en la naturaleza de la relación entre ambas naciones.

Desde el punto de vista geoestratégico, se consolidan los conceptos de nearshoring y friendshoring perseguidos por la actual administración de la Casa Blanca, en búsqueda de fuentes energéticas más cercanas y amigables en el suministro de crudo.

No en vano, el presidente Trump declaró desde el Salón Oval que el crudo extra pesado venezolano no es un despreciable, sino que resulta el más óptimo para muchas refinerías estadounidenses y es favorable también para la producción de asfalto, entre otras ventajas.

Durante su intervención ante la prensa además se refirió al convenio como «el acuerdo más grande jamás realizado» y un muy buen arreglo para Venezuela tras la llegada de las compañías petroleras para la extracción de un contingente de hidrocarburos de un inmenso valor.

Su proyección es que los precios petroleros caerán antes de las elecciones legislativas que EEUU llevará a cabo en el mes de noviembre, y enfatiza que el avance será rápido en generar resultados concretos.

Pero más allá del interés estratégico estadounidense, se prevé que el acuerdo traiga consigo cambios sustanciales a las perspectivas económicas venezolanas. En primer lugar, dará un impulso a un bimonetarismo formal, ya que se requerirá un sistema monetario fortalecido y capaz de absorber y asimilar los grandes contingentes de capital requeridos por concepto de inversión inicial, estimados en 100.000 millones de dólares.

A su vez, se requerirá una revisión a fondo del funcionamiento, perspectivas y capacidades del sistema financiero local, su portafolio de productos y servicios, así como su capacidad de atender la demanda de préstamos fundamentalmente. Es probable que se registre una mayor sofisticación en el ámbito de la disponibilidad de vehículos crediticios para distintos fines.

Adicionalmente, cabe considerar que los 209.000 millones de ingresos fiscales proyectados con base en 19 dólares por barril extraído representan un monto similar o incluso superior a algunos cálculos sobre el nivel de deuda externa del país por concepto de títulos de deuda, entre otros.

Por todo lo anterior, aparentemente estamos ante un cambio de mucho impacto en la relación bilateral que debe traer consigo una incidencia de gran magnitud en la economía venezolana hasta el punto de transformarla totalmente con respecto a su situación actual y a las etapas registradas en las últimas décadas.

Fuente: Banca y Negocios